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Una vuelta al cole bien nutritiva
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Una vuelta al cole bien nutritiva

El mes de septiembre marca un antes y un después en cualquier hogar que se precie, especialmente cuando hay niños. Toca decir adiós a la libertad de horarios y a la flexibilidad en el día a día: el mundo parece funcionar a pleno gas de nuevo y el curso escolar arranca sin concesiones, lo cual exige una organización impecable. En este sentido, la improvisación puede funcionar en algunos ámbitos, pero no en materia de alimentación, que es un factor fundamental para la salud y el rendimiento de los menores. Pero que no ‘cunda el agobio’, porque las pautas básicas a seguir para no acusar el desgaste de los meses venideros son bien sencillas:

El desayuno es sagrado: Se dice popularmente que es la comida más importante del día y no es broma. Desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) insisten en que el desayuno debe cubrir el 25% de las necesidades calóricas de los niños, para lo cual es recomendable recurrir a una combinación de lácteos, cereales y fruta. Pensad que las mañanas en un colegio son más que intensas y que los más pequeños tienen que contar con la energía suficiente para sobrellevarlas. ¡Ah! Si el desayuno se toma en casa, sin prisas y en compañía de algún otro miembro de la familia, mejor que mejor 😉

Para media mañana y para merendar, ración de equilibrio: Un tentempié en la hora del recreo y en mitad de la tarde se plantean indispensables para los escolares, de manera que reciban el empujón energético necesario para alcanzar las comidas principales de la jornada sin que las fuerzas flaqueen. Eso sí, no debe saciarles en exceso, pues el resultado podría ser contraproducente al sentarse más tarde en la mesa. Por ello, la mejor opción es una porción pequeña de comida saludable. Por ejemplo, el clásico bocadillo de pan tradicional con jamón y queso – evitar los embutidos grasos –, una pieza de fruta o yogures líquidos. La bollería industrial y los refrescos, ‘ni mirarlos’ 😛

Almuerzos y cenas de diez: Hay que compensar los alimentos ingeridos en estas dos comidas, de manera que no se repitan. Así, si vuestros hijos se quedan en el comedor escolar, prestad especial atención a sus menús para completarlos en casa. En cualquier caso, se recomienda ofrecer platos ricos y variados, optando por las formas de preparación que más gusten a los menores y ‘negociando’ con ellos aquellos ingredientes que menos les atraen. Carnes blancas, pescados, guisos calientes, pastas, cremas, ensaladas, tortillas… Hacer un plan semanal para poner orden en el amplísimo abanico de comidas es una buena idea. La única norma a tener en cuenta es reservar los platos más contundentes para los almuerzos y preparar algo más ligero para las cenas 🙂

Todo ello, acompañado de unos hábitos saludables respecto del ejercicio físico y del descanso – una hora al día y de 9 a 11 horas, respectivamente, según la AEP – garantizarán el pleno desarrollo de los más pequeños. ¡Palabra!

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