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Una apuesta segura por el crecimiento
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Una apuesta segura por el crecimiento

Llegar a trabajar por primera vez a una empresa cuando ésta se encuentra en proceso de reorganización nunca es fácil, pero Antonio Gómez, director financiero de Naranjas Torres, aprovechó esta transición en 1997 para conocer desde dentro las entrañas de la entidad y ayudar en su evolución y crecimiento. El punto de inflexión más importante que vivió la empresa en su presencia fue el paso de los antiguos almacenes hasta la actual central hortofrutícola, que fue inaugurada en 2002. “No todo funcionaba perfectamente desde el primer día, pero hubo una gran unión entre todos los trabajadores, desde arriba hasta abajo, y conseguimos que todo fuera hacia adelante”, recuerda Gómez.

En todo este tiempo, Naranjas Torres ha pasado por dos cambios importantes. Por un lado, de accionariado, que consiguió suavizarse con rapidez, y, por otro lado, generacional, ya que en los últimos cuatro años la empresa está pasando de ser gestionada por los padres a ser conducida por los hijos. Un proceso de sucesión de una empresa familiar en la que nada se deja a la impersonalidad como sucede con las grandes multinacionales. “Aquí se trata directamente con los propietarios y gestores y realmente parece que formes parte de una verdadera familia”, asegura el director financiero.

Todo ello demuestra que el cambio constante es esencia de mejora y de progreso, donde no se concibe la monotonía de rutinas de trabajo (cada día de la semana se realizan unas tareas diferentes, pero organizadas, para amenizar la jornada). La empresa, con todo, tiene por delante la integración de todas sus delegaciones para hacer efectivas esas permutas administrativas y empresariales. Proceso que no asusta, sino que motiva a sus trabajadores a crecer.

Conscientes del entorno sectorial

Naranjas Torres se mantiene, además, siempre en constante análisis del sector, con estudios de mercado cada dos o tres años, para poder estar siempre al tanto de lo que se demanda y de lo que se ofrece. “El hortofrutícola comprendía muchas empresas y cooperativas pequeñas, pero de un tiempo a esta parte éstas han tendido a desaparecer y ahora se están concentrando en otras entidades con mayor volumen, tanto de carácter privado (S.A. y S.L.) como cooperativista de segundo grado”, explica Gómez. Este (de nuevo) cambio se traduce en que el mercado es más competitivo.

Por otro lado, y como apunta el director financiero de la empresa, el consumo se ha transformado, ya que “se ha pasado de vender grandes cantidades a otras más pequeñas, tanto a nivel mayorista en los Mercas como de distribuidores en las grandes superficies, que ahora funcionan con pedidos más frecuentes y a la carta”, añade. Un trabajo incansable el que Gómez realiza en la empresa que le acogió hace ya 18 años como una gran familia que es y donde el trabajo en equipo y la unión de sus trabajadores hacen que la empresa navegue viento en popa y a toda vela.

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