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Tres generaciones de esfuerzo y satisfacción
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Tres generaciones de esfuerzo y satisfacción

Gema Mechó recuerda cuando terminaba el turno antes que los camiones que aún estaban en la huerta, por lo que los gerentes de Naranjas Torres llevaban a las trabajadoras a casa en sus coches. “Ahora parece una tontería, pero nos lo pasábamos genial durante el trayecto. Trabajábamos mucho, pero estábamos muy a gusto”, confiesa. Su cuñada, Verónica Pedrós, pone el acento en las paellas que el equipo del almacén preparaban juntos, consolidando la “familia” que eran. Por su parte, Sara Pedrós Mechó, hija y sobrina respectivamente, no puede olvidar cuando la llevaban de pequeña a esa nave y le daban permiso para subir a la garita. “Cogía el micrófono y me convertía en el ama”, explica entre risas.

Todas estas escenas tuvieron lugar en las instalaciones que Naranjas Torres regentaba inicialmente en la localidad de Sagunto. Ahora, la faena se concentra exclusivamente en Almenara y, como no podía ser de otra forma, el paso de los años se ha dejado notar. Por ejemplo, las mallas de naranjas ya no se llenan ni se pesan a mano, como tampoco se etiquetan las piezas con cintas grabadas artesanalmente. En definitiva, los tiempos han cambiado desde que la conocida como Tía Punxona propuso que su hija – Verónica – y su nuera – Gema – entrasen en la fábrica. De hecho, su nieta Sara, que empezó a trabajar aquí en 2004, ya no ha conocido nada de eso.

Eso sí, hay cosas que permanecen invariables. En palabras de la más joven de las entrevistadas: “El trato es totalmente cercano, así que siempre puedes ir a hablar directamente con el gerente o con la jefa de personal sin intermediarios. Esto es algo que no ha variado”. Tanto es así, que quienes llevan más recorrido en la empresa comparten el deseo de que los nuevos trabajadores conozcan lo mismo que ellas. “Esperamos que continúen trabajando y pensando como hasta ahora, defendiendo la marca que tienen, que afortunadamente es muy reconocida en la actualidad”, declara Verónica.

En definitiva, podría decirse que el vínculo con Naranjas Torres resulta prácticamente congénito para estas tres mujeres que ahora expresan sus respectivas experiencias en voz alta. La convivencia para ellas es intensa pues, aunque cada tiene un puesto diferente, no solo trabajan en un mismo lugar, sino también viven en el mismo edificio. Sin embargo, la conclusión sigue siendo positiva; claro síntoma de su bienestar diario. “Deseo que esto dure y no acabe”, se sincera Sara.

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