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¿Qué falta y qué sobra en nuestra cesta de la compra?
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¿Qué falta y qué sobra en nuestra cesta de la compra?

A todos nos ha pasado lo siguiente: vas al supermercado con la firme idea de comprar cuatro cosas de primera necesidad y acabas saliendo por la puerta con un carro lleno de productos fundamentados en el capricho, en la capacidad de captación de los carteles o en la distribución de estos en las estanterías. O que cuando acudes a tu establecimiento más cercano te das cuenta de que con la misma cantidad de dinero has podido llenar menos la cesta de la compra en comparación con la última vez.

Si lo que deseáis es ahorrar es vuestras visitas al supermercado lo primordial es justamente la elección de ese establecimiento. Muchos acabamos comprando en el local que tenemos a la vuelta de la esquina o debajo de casa, pero escoger el más adecuado, al valorar calidad y precio, puede suponer un ahorro medio de 823 euros al año, según los datos del último estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

Eso sí, antes y durante la compra es necesario tener en cuenta una serie de indicaciones para no dejarse llevar por colores bonitos, envases atractivos o los males producidos por la falta de organización:

Planificar. Justamente este debe ser el primer punto antes de la salida consumidora, ya que muchas veces tenemos que tirar comida porque compramos más de lo que necesitamos e, incluso, productos que nunca vamos a utilizar. La famosa lista va muy bien y las compras semanales, mejor, ya que acudir al supermercado cada día para hacer pequeñas adquisiciones, incrementa el gasto mensual total.

No excedernos en las cantidades. Una ración de carne equivale a 100-130 gramos; una de pescado, 130-150 gramos; una de leche, 200 centilitros, y una de pasta o de arroz, unos 50-80 gramos en crudo. Con este conocimiento podemos saber exactamente lo que vamos a comer durante toda la semana sin malgastar.

Controlar los precocinados. Estos productos suelen tener un precio muy elevado, que no siempre corresponde a su valor nutritivo, por lo tanto hay que tratar de comprar aquellos que sean frescos y naturales (siempre que podamos), ya sea en el súper, en el mercado o en la tienda del barrio.

Valorar la necesidad de consumir alimentos funcionales. Yogures enriquecidos, galletas con omega-3 y muchos otros alimentos con adjetivo pueden ser más caros de lo que realmente aportan a nuestra salud. Si realmente no necesitamos dosis extra de algún nutriente especial, es preferible no dejarse llevar por envases capciosos.

Comer sencillo. Recordad que comprar alimentos caros no significa comer bien, sino que se trata de optar por aquellos que cumplan con la relación calidad-precio y variar en el menú diario.

Controlar los alimentos de picoteo. Las bebidas refrescantes y los snacks dulces y salados son productos en los cuales muchas veces nos gastamos demasiado dinero y apenas aportan nada a nivel nutritivo a nuestra dieta. Además, no quitan la sed y engordan mucho.

Tener cuidado con los productos gancho. Todos los productos que hay cerca de la caja registradora como chicles, pilas o pañuelos de papel pueden dificultar nuestra tarea de ahorro, ya que se serán un aditivo innecesario de nuestra compra final.

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