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Mercados amigos (I): Francia
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Mercados amigos (I): Francia

Gastronomía y cultura pasean cogidas de la mano desde hace mucho tiempo en el país vecino, lo cual ha incidido directamente en el desarrollo de unos hábitos alimentarios determinados. Claro ejemplo de ello podría ser que, en términos generales, los franceses disfrutan de la elaboración de la comida en casa más que en restaurantes, así como también dedican un tiempo razonable a su degustación. Se trata de una suerte de placentero ritual que forma parte de su rutina. Consecuentemente, casi de modo involuntario, disminuyen el consumo calórico y aumentan la sensación de saciedad.

De hecho, a pesar de su gusto por el buen comer, la población de Francia siempre se ha caracterizado por su esbeltez. Ello responde a dicha actitud pausada frente a la mesa, pero también a otras prácticas, como no guardar grandes stocks de comida en el hogar – es decir, de “tentaciones” – u optar por los alimentos frescos frente a los procesados. En este sentido, la buena disposición hacia la cocina casera anteriormente citada juega un papel fundamental, ya que los consumidores son más conscientes de aquello que sirven en sus platos.

Sin embargo, la obesidad también está presente entre la sociedad francesa. Recientes datos apuntan que su tasa de sobrepeso se dobló en apenas quince años, pasando de 3,5 millones de personas en 1997 a 6,9 millones en 2012. La causa de esta evolución guarda una estrecha relación con el incremento de familias con cada vez más bajos ingresos – fenómeno que, desgraciadamente, se ha dado a nivel global con motivo de la crisis económica – y con la importación de algunas costumbres foráneas, que han logrado asentarse entre los locales.

En este sentido, no hay mejor remedio que volver a las raíces, es decir, recuperar aquellos valores que han marcado su gastronomía tradicionalmente: la moderación en las cantidades, no saltarse comidas ni picar entre horas, la combinación equilibrada de alimentos ricos en grasas saludables o en colesterol bueno, como el aceite de oliva y el queso, respectivamente, etc. Los franceses destacan, además, por su exigencia en cuanto a calidad y a seguridad alimentaria, lo cual es una garantía de éxito para dicho objetivo.

Al detalle: frutas y verduras

En lo que a consumo de estos productos se refiere, Francia presenta una media aproximada de 342 gramos al día, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa su recomendación en 400 gramos. No se trata de una cifra preocupante pero, sin duda, hay que mejorarla. Entre las frutas, cítricos, melones, sandías y fresas son de las más demandadas en la exportación desde España, mientras que en verduras destacan tomates, pimientos y calabacines, entre otros.

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