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Las vacaciones, mejor sin intoxicaciones alimentarias
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Las vacaciones, mejor sin intoxicaciones alimentarias

El verano también tiene sus “caras B” y una de ellas está estrechamente relacionada con la comida. Porque el calor – concretamente, temperaturas entre 36 y 37 grados – propicia que las bacterias se reproduzcan, lo cual da lugar a las fastidiosas intoxicaciones alimentarias. Así, sólidos o líquidos en cualquiera de sus variantes pueden servir como hogar de organismos como la salmonella, el E. Coli o el anisakis, entre otros.

La mayoría de casos suelen ser leves, pero nunca hay que subestimar una toxicidad. Los síntomas más habituales son náuseas y vómitos, diarreas con o sin presencia de sangre en las heces, dolor abdominal, fiebre o debilidad generalizada. Éstos tienden a aparecer entre dos y seis horas después de la ingesta y su intensidad depende de la cantidad de alimento tomada. Asimismo, el malestar acostumbra a durar unos dos o tres días, es decir, lo que tarda el organismo en eliminar las sustancias contaminadas. No obstante, de no sentir mejoría o presentar otros signos de alarma, se debe acudir a un médico.

Sea como sea, en las intoxicaciones alimentarias también se cumple ese dicho popular de “más vale prevenir que curar”. Los pasos para evitar esta situación son bien sencillos:

– Lavar adecuadamente frutas y verduras antes de comerlas crudas o cocinadas.

– No romper la cadena del frío en carnes, pescados y productos congelados en general.

– Tomar carnes hechas en lugar de al punto o semicrudas.

– Lavarse bien las manos antes de manipular cualquier alimento, ya que en ellas se concentran multitud de gérmenes.

– Congelar pescados y mariscos por debajo de los -18ºC.

– Ante la duda de si un alimento está en mal estado, no tomarlo.

Por supuesto, no siempre se come en casa y, por tanto, no siempre se puede controlar el cumplimiento de estas pautas. Por ello, desde Facua aconsejan exigir frescura, calidad e higiene máximas en los locales de hostelería, algo que determinarán tanto la vista como el paladar de los comensales. Si se detectase alguna anomalía, el procedimiento pasa por pedir una hoja de reclamaciones y avisar a las correspondientes autoridades sanitarias.

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