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De fiesta en fiesta, pero tirando por lo curioso - Naranjas Torres
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De fiesta en fiesta, pero tirando por lo curioso

Las ciudades de Valencia y de Castellón están en plena ebullición por estas fechas, pues se aproximan sus fiestas más emblemáticas: las Fallas (del 15 al 19 de marzo) y la Magdalena (del 22 al 30 de marzo), respectivamente. Este alegre ambiente que sentimos tan cercano nos ha inspirado una idea: una ruta de celebraciones populares para descubrir aquellos aspectos que no todo el mundo conoce al respecto. ¿Nos acompañáis?

Las Fallas de Valencia: La quema de los monumentos falleros en el Día de San José (19 de marzo) es uno de los momentos más simbólicos de la fiesta valenciana por excelencia. La idea es que se destruye lo viejo para dejar sitio a lo nuevo. Se trata, en definitiva, de un final que significa un renacer. Lo que muchos no saben es que no fue hasta 1892 cuando se instituyó la cremà – que así es cómo se denomina este acto – en dicha jornada. Anteriormente, las fallas se plantaban en la madrugada del 18 de marzo y se prendían esa misma noche.

La Magdalena de Castellón: Más allá de su idiosincrasia, uno de los rasgos diferenciadores de esta celebración popular reside en sus inicios, porque no conmemora al patrón de la ciudad, sino el origen de la misma. Concretamente, cuando en 1251 la urbe fue trasladada desde la colina de la Magdalena hasta el plano fértil litoral. De ahí que el acto vertebrador sea la denominada Romeria de les Canyes, que consiste en un recorrido hasta dicho enclave situados a unos ocho kilómetros de Castellón.

La Mercè de Barcelona: Por el contrario, la fiesta popular de la ciudad condal sí que rinde homenaje cada 24 de septiembre a su patrona, la Virgen de la Mercè. O, mejor dicho, copatrona. Porque Santa Eulàlia – una valiente niña que defendió a los cristianos bajo el Imperio Romano y fue condenada a trece castigos, tantos como años tenía – ostentaba este título desde el año 633. Sin embargo, la ciudad sufrió una plaga de langostas en 1687 y los barceloneses se encomendaron a La Mercè para el caso, adquiriendo ésta dicha categoría. Además, el Papa Pío IX ratificó su patronazgo en 1868. Por ello, se dice la lluvia que siempre cae sobre Barcelona por estas fechas son lágrimas de Santa Eulàlia, quien llora porque cree que el pueblo la ha olvidado.

La Aste Nagusia de Bilbao: Se trata de la semana grande de esta ciudad, la cual se celebra desde tiempos inmemoriales. No obstante, el modelo de los festejos contemporáneos nace a partir de un concurso de ideas organizado en 1978. La intención del mismo era revitalizar las fiestas tras la etapa franquista. El ganador fue Txomin Barullo, quien propuso una colaboración entre el ayuntamiento y distintas comisiones a crear por barrios, lo que actualmente son las comparsas. La buena respuesta de la ciudadanía ha dado lugar a una celebración popular de verdad.

San Isidro de Madrid: Resulta prácticamente inevitable no relacionar esta fiesta celebrada a mediados de mayo en la capital española con rosquillas y, por supuesto, con chotis. Lo curioso en este caso es que el afamado baile castizo tiene origen extranjero. Concretamente, de Escocia, aunque verdaderamente adquirió popularidad por Alemania y Austria. De hecho, su nombre proviene del término germano Schottisch, el cual significa escocés. En España se bailó por primera vez en una gala presidida por Isabel II el 3 de noviembre de 1850 en el Palacio Real. Sus pasos pronto dieron el salto a las calles, convirtiéndose en una seña de identidad popular.

El Rocío de Sevilla: Aunque varía en el calendario, la jornada de celebración de esta fiesta no tiene pérdida: siempre es el lunes siguiente al domingo de Pentecostés. Pero, una vez más, lo que parece una tradición inamovible en el presente no lo fue así en el pasado. Porque El Rocío se celebraba anteriormente el 8 de septiembre, es decir, el día de la Natividad de María. No fue hasta el siglo XVIII cuando la Hermandad de Almonte, encargada de la organización de los cultos, la instituyó en la actual fecha con motivo de un cambio de nombre de la virgen, que pasó de Rocinas a Rocío, haciendo referencia al Espíritu Santo.

El Pilar de Zaragoza: Más allá de la ofrenda de flores y de frutos, estas fiestas patronales comprenden en la tarde del 13 de octubre un acto que es poco conocido fuera de Aragón. Se trata del denominado Rosario de cristal, el cual consiste en una procesión que representa las cuentas de dicho rezo mediante impresionante faroles. Esta tradición data de 1889, cuando el presidente de la Cofradía del Santísimo Rosario de Nuestra Señora del Pilar importó la idea de la ciudad de Calatayud. Gran parte de estas piezas iluminadas fueron realizadas por Ricardo Magdalena, arquitecto del ayuntamiento por aquellos tiempos. Con todo, es un acontecimiento único en el mundo en el que participan miles de personas.

¿Os ha parecido interesante la información? ¿Sabéis alguna otra particularidad? ¡Contadnos! 😉

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