“Si se tienen bien asumidos unos buenos hábitos dietéticos, da igual que sea verano o invierno, que comer fuera de casa o en la propia”

Entrevista Juan Revenga - Naranjas Torres

La llegada de la temporada estival implica una serie de cambios para el acontecer diario en muchos sentidos. Desde Naranjas Torres nos hemos propuesto que ello no vaya en detrimento de la alimentación, por lo que hemos consultado a un especialista. Él es Juan Revenga (@juan_revenga), uno de los dietista-nutricionistas más activos de la Red, quien ha analizado aquellos aspectos que siembran inseguridades en esta entrevista :)

¿Qué alimentos son los más y menos aconsejables a consumir durante el verano?

Con mucha frecuencia la naturaleza humana tiende a observar sus circunstancias de un modo demasiado “mecanicista”, pero si se come bien en invierno, con mucha probabilidad se seguirá comiendo bien en verano. Y por comer bien me refiero a, por ejemplo, incorporar una cantidad importante de alimentos vegetales frescos. Hablo de frutas, verduras y hortalizas en general. Otra buena recomendación en mi opinión sería la de hacer un uso adecuado de la temporalidad de los alimentos. Aquí ya se alude a una diferencia respecto a lo que se hace en las diferentes estaciones: en invierno comemos, por decir algo, naranjas, lombarda, cardo, alcachofas, manzanas, etcétera; en verano, melocotones, peras, sandía, tomate, pepino, pimientos verdes; en primavera, espárragos; y en otoño, setas, persimón… De esta forma, se dota a la dieta de una enriquecedora variedad y se incorporan a la misma alimentos que se encuentran en el estado óptimo de sus cualidades organolépticas, así como a un precio mucho más conveniente. Esta cuestión se puede hacer extensiva, además, a algunas clases de pescado.

¿Es recomendable cambiar algún hábito (por ejemplo, las cantidades) o método de preparación de la comida con el paso a la estación estival?

En cuanto a las cantidades, siento decir que no hay una regla universal que responda a la estación, sino que esto depende de muchos factores: la edad, el sexo, la actividad deportiva o simplemente física, los horarios de trabajo, los diferentes ritmos de sueño o vigilia… En cuanto a las formas de preparación, está claro que la cuestión de la temperatura va a influir de forma importante, pero más que nada por las diferentes sensaciones que va a poder generar en el comensal. Por ello, en verano, como es lógico, se tiende a preparaciones culinarias más frescas, si acaso más sencillas y más ligeras. Aunque esta norma no escrita es bastante laxa.

La llegada de esta temporada trae consigo la denominada “operación biquini” y la proliferación de “dietas milagro”. ¿Existe alguna beneficiosa o todas conllevan riesgos para la salud sin excepción?

Todas son perjudiciales, pero no quisiera que se malinterpretaran mis palabras: su seguro perjuicio no refiere a las cuestiones nutricionales que en un momento dado pudieran establecer unas u otras, sino más bien al erróneo planteamiento que subyace en aquellas personas y promotores cuando abordan este tipo de cuestiones. Las dietas de moda, las milagro, las populares, las exprés… Las llamemos como las llamemos, sólo consiguen deseducar a la población a la hora de afrontar un problema proponiendo estrategias que poco o nada tienen que ver con la verdadera solución. Están planteadas con el único fin de hacer negocio a partir de la desesperación de muchas personas. En resumen, todas son perjudiciales para la salud mental. Si se siguen a rajatabla, la mayor parte lo pueden ser también para la salud física. Y, además, todas ellas son ineficaces en líneas generales: si no, no saldría una nueva cada dos por tres.

Alimentación verano Juan Revenga - Naranjas Torres

En muchos casos, las vacaciones implican comer fuera de casa. ¿Cómo hacer para que ello no suponga un trastorno para la alimentación y, en consecuencia, para el cuerpo?

Si se tienen bien asumidos unos buenos hábitos dietéticos, da igual que sea verano o invierno, que comer fuera de casa o en la propia. Me temo que con esta pregunta se me invita a que responda que al comer fuera de casa hay que hacerlo con “moderación. Y es cierto, como igualmente es cierto que a una persona que tiene unos adecuados hábitos dietéticos no hace falta decírselo. ¿Por qué la mayor parte de la gente se pone “hasta las trancas” en un desayuno buffet de un hotel y en su casa apenas desayuna? ¿Serviría recomendar “moderación” a esas personas? Lo dudo. Lo que les recomendaría es que hicieran el esfuerzo de adquirir unos buenos hábitos de alimentación. Así, dará igual que afronten la hora del desayuno en un hotel o en sus propias casas.

Una duda existencial: ¿es cierto eso de que es mejor no tomar fruta por la noche?

No. Es una majadería sin pies ni cabeza. A ver si ahora las personas que padecen obesidad, cáncer, malas digestiones, psoriasis, alopecia o lo que sea van a tener como factor de riesgo de esa situación el comer fruta por la noche. Me gustaría que esas personas que dicen esas tonterías (y tantas otras) apoyaran sus palabras en algún tipo de evidencia científica. En este sentido, escribí un libro hace 4 años, Con las manos en la mesa, en el que se daba respuesta en tono de humor a este tipo de mitos y leyendas sin sentido.

Para terminar, ¿es la manida “dieta mediterránea” una buena filosofía a seguir durante todo el año o está sobrevalorada?

Las dos cosas: es una muy buena filosofía si se sabe en realidad en qué consiste y, como realmente no se sabe muy bien, está sobrevalorada. Resulta que al mismo tiempo que tenemos el ego un tanto subidito con que aquí comemos al estilo mediterráneo, nuestras cifras de obesidad son de las más altas de entre los países de nuestro entorno. Por no hablar de la población infantil, la cual está a la cabeza (o casi) entre los países de la Unión Europea. Curiosamente, ocurre que tenemos a gala ser una de las “cunas” de la dieta mediterránea y, al mismo tiempo, somos uno de los países que más se ha alejado del patrón dietético mediterráneo en los últimos años. Según ese patrón, España ocupaba en los años 60 del pasado siglo el puesto número 13 de “adecuación mediterránea”. Tras 40 años, y utilizando la misma escala, España pasó a ocupar el puesto 21. En general, no pocas personas creen que “seguir la dieta mediterránea” consiste en hincharse de aquellos productos que la caracterizan, cuando en realidad la dieta mediterránea antes que en los productos está basada en un estilo de vida propio en el que la frugalidad es la clave principal y sin la que todo lo demás de poco sirve. La frugalidad se define en este caso por comer “lo justo” para lo proporcionalmente mucho que se mueve una población.

Apunte hidratación Juan Revenga - Naranjas Torres

El “acento” del especialista

Una de las cuestiones a las que sí interesa prestar atención es la hidratación. En verano tenemos mayores pérdidas hídricas con motivo de la sudoración propiciada por unas temperaturas más altas. Así pues, es normal que se beba más para compensarlo. Para reponer las pérdidas hídricas pueden contribuir tanto las bebidas como los alimentos, pero sin forzarse a alcanzar una cantidad de líquidos determinada, es decir, los consabidos dos litros o dos litros y medio al día; ya que la sed es el mejor indicador para saber cuánto beber. Así se pone de relieve en el artículo “Importancia del agua en la hidratación de la población española: documento FESNAD 2010” cuando se afirma que para una persona sana la sed es una guía adecuada para tomar agua, con las posibles salvedades de los bebés, los deportistas y una buena parte de personas enfermas y ancianas en los que podría ser necesario “programar” una ingesta de líquidos más allá de su sensación de sed.

Foto de portada: Gonzalo Bullón.
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