Si los hábitos alimentarios son correctos, la Navidad preocupa poco o nada

despedida alimentos saludables

Hace pocos días recibí uno de esos mensajes que a uno le mandan al formar parte de esos “maravillosos” grupos de WhatsApp, decía tal que así más o menos:

Comienza la operación: a la mierda el bikini!

Por medio del presente, se les informa que a partir del día de hoy, estaremos ausentes tomando un muy merecido descanso, para regresar con ustedes el 7 de enero del 2016. Les deseamos Felices Fiestas, deseando para ustedes y sus familias lo mejor para el próximo Año 2016!

ATENTAMENTE,

La Lechuga, el Pan Integral, la Verdura, la Fruta, la Leche Desnatada, el Pescado, el Pepino, el Apio, la Col y el Yogurt

 P.D: En nuestra ausencia, los atenderán con el mismo gusto de siempre…. El solomillo, Los Langostinos, El Pan Francés, La Mantequilla, Las Salsas, El Pavo, La Pierna de Cordero, El Puré, las Galletitas, Los Turrones, Las truchas, Los Polvorones … y por supuesto … algún que otro traguito de Vino, de Cerveza, de Anís del Mono, de Champagne, de Licores varios, de Ron, de Gin Tonic, etcétera. Gracias por su atención.

FELIZ NAVIDAD!

(Qué bonito, qué ocurrente… y habrá quien se ría)

Seamos realistas: desde un estricto punto de vista alimentario, buena parte de la población general asume con horror la llegada de la Navidad. Son días, para muchos, para ellos, en los que se presagian, con no poco pánico, las consecuencias de los excesos en el comer y en el beber. Lo peor es que este periodo se asume con la misma diligencia de aquel sentenciado a muerte que se dirige hacia el cadalso mientras observa a lo lejos la soga de la horca balanceándose al viento. El aciago futuro se percibe implacable. No hay salida. Eso parece.

Estos miedos proceden en su gran mayoría de adjudicar a la Navidad un inevitable e importante aumento del peso… ¿pero es así? ¿Se aumenta de peso en el periodo navideño de forma significativa con respecto a otros periodos del año? La respuesta es… que a medias. Entre los escasos estudios científicos que han evaluado esta variable se contrastan algunas curiosas conclusiones:

1º Que efectivamente en Navidad el aumento de peso general es superior a la media cuando se consideran periodos de tiempo análogos en otros momentos del año.

2º Que no se aumenta, ni mucho menos, la cantidad de peso que la gente vaticina. El peso medio que las personas esperan aumentar en Navidad son unos 2,3 kg. Sin embargo, la realidad contrastada es que el aumento es entre 4 y 5 veces menor que el previsto, es decir, “tan solo” unos 0,4 kg.

3º Que son las personas que ya cuentan con sobrepeso u obesidad, y esta me parece la conclusión más relevante, las que verdaderamente sí que aumentan la cantidad predicha, esos 2,3 kg.

Y es que parece que para quienes tienen ya sobrepeso u obesidad llueve sobre mojado y afrontan este periodo con cierta indulgencia, quien sabe si libertinaje, en el que les puede resultar más complicado afrontar tanta tentación y tanta disponibilidad alimentaria mal entendida, lo que redunda en un mayor aumento de peso en estas personas que en las que están en situación de normopeso.

Sin embargo, tal y como reza el título del post de hoy, para aquellas personas que ya tienen un patrón general de alimentación equilibrado, la Navidad no es sino uno más de esos acontecimientos que con una periodicidad anual presentan una ocasión para celebrar algo en compañía de otros seres queridos sin tener que prever de forma inexorable que toda celebración ha de pasar por el exceso gastronómico. Además, probablemente (y esto ya es cosecha propia) el que tiene el hábito de correr sigue corriendo aunque sea Navidad, y sin embargo el que no corre, lo de hacerlo en Navidad precisamente resulta en un planteamiento surrealista.

Pero volviendo al terreno dietético, el gran problema reside en no saber festejar algo entorno de la mesa sin incurrir en el exceso. Las celebraciones, es cierto, representan una ocasión para hacer algo especial, que no se hace en el día a día, pero que no por ello ha de resultar perjudicial desde el punto de vista de la salud. Ni mucho menos.

Se puede, y se debe, celebrar teniendo en cuenta ingredientes o alimentos especiales, menos habituales y, claro está presentados y servidos de forma original. Nadie obliga a que los aperitivos, los entrantes, los platos principales y los postres sean especialmente calóricos.

Por ejemplo, y recurriendo a la tradición y temporalidad de algunos productos, no le encuentro problema alguno en presentar un plato a base de cardo bien ejecutado, una ensalada de escarola con algún ingrediente más o menos exótico aderezada con una vinagreta graciosa, una suculenta sopa de marisco, una receta de besugo o un rosbif con una adecuada guarnición de verduras al horno, etcétera. Parte del problema está en no saber afrontar la planificación de los menús y si acaso de querer suplir calidad con cantidad, lo cual es una mala estrategia sea o no Navidad.

En cualquiera de los casos, y tal y como digo, aquellas personas que ya cuentan con unos adecuados patrones de vida saludables la Navidad no representa ningún problema. Si por el contrario, se afronta este periodo con la perspectiva del WhatsApp mencionado más arriba, poco habrá que hacer. En esas personas, la Navidad, solo es ese problema que fruto de la excusa y en virtud del calendario se hace más visible. Y, en esas circunstancias, la inconveniencia de la Navidad se repetirá año tras año con los mismos latiguillos. Pero créeme si te digo que si dejamos a un lado la caricatura, el hecho de que alguien acepte como más o menos cierto el mensaje en cuestión, en esos casos, la Navidad además de ser el menor de sus problemas, es una situación a la que se enfrentará de por vida mientras no cambie la perspectiva general del asunto.

Bueno, y ahora ya sí que sí… Feliz Navidad y espero que sigamos viéndonos por aquí en un fructífero 2016.

Por Juan Revenga
juanrevenga.com
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