Las 5 piscinas naturales más bonitas de nuestro país

piscinas naturales

Refrescarnos debe ser una de las prioridades de nuestro ocio en estos días de calor, ya sea a través de la hidratación con agua y bebidas frescas o a través de baños en el mar o en las piscinas. El problema de estas últimas es que una exposición continuada a su cloro puede perjudicar nuestra piel y nuestro pelo, además de encontrarse abarrotadas (en su mayoría) en verano, lo que puede hacer que no descansemos lo necesario.

Una buena alternativa pueden ser las piscinas naturales, para las que se utilizan sistemas de depuración de la naturaleza como las plantas, en lugar de químicos y físicos, que ayudan a oxigenar y a eliminar los nutrientes que pueden permitir la propagación de algas y otros microorganismos no deseables (por ejemplo, las larvas de mosquito).

Las primeras biopiscinas se construyeron a principios de los años 80 en Austria y hoy existen más de 20.000 en toda Europa. Además de la ausencia de cloro en su depuración, estos estanques nos permiten disfrutar de aguas de calidad, requieren de menos mantenimiento, se pueden incluir en ellas peces que se coman las larvas y otros insectos molestos, y no necesitan ser vaciadas cada año, lo que supone un ahorro acuático.

Además, algunas de estas piscinas naturales son de lo más bonitas y están enclavadas en entornos magníficos de nuestro país. Estas son las cinco que consideramos más impresionantes y recomendables:

El charco azul (Isla del Hierro, Canarias). Esta piscina natural está compuesta por agua salada y es un compendio de las múltiples formas que dejó la lava. Un roquete protege a los bañistas del imponente océano, que deja su impronta con su rompiente de espuma blanca y sonido envolvente.

Pantano de San Juan (Madrid). Denominada ‘la playa de Madrid’ por su extensión de arena, dispone de más de 10 kilómetros de playa. Es el único embalse de la capital en el que está permitido el baño y las actividades acuáticas a motor y también se utiliza para la generación de energía eléctrica.

Gulpiyuri (Llanes, Asturias). Conocida como la playa más pequeña del mundo, con apenas 50 metros, está declarada monumento natural y el agua del mar entra hasta ella a través de un túnel que hay entre las rocas, sobre las que se puede caminar y en las que se produce un ruido que los asturianos conocen como ‘bufones’.

Garganta los Infiernos (Cáceres). Situada en el Valle del Jerte, está compuesta por 13 piscinas naturales que se han formado en la roca por la erosión del agua sobre el granito. El entorno tiene numerosos saltos de agua y cascadas en sus arroyos y riachuelos, como El Chorrero de la Virgen.

La Fontcalda (Tarragona). Un bonito paraje, con unas pozas espléndidas para refrescarse, entre las sierras de la Mola y el Crestall. Se trata de una fuente de agua minero-medicinal que sale a 38 grados del río Canaletes, que se estrecha por un cañón de piedras y rocas haciendo surgir una serie de piscinas naturales.

En la imagen: Playa de Gulpiyuri (Lllanes, Asturias)

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