Pasión naranjera desde el campo

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En Naranjas Torres se trabaja de forma constante e incansable para que sus productos lleguen a los establecimientos comerciales con el mejor sabor y el aporte nutricional más completo. Los tiempos que marcan el éxito o el fracaso de una temporada naranjera son los que se suceden en el campo, desde la plantada de las semillas hasta la recogida de la fruta.

Y los responsables de que la calidad llegue a las mesas de los consumidores son, en gran parte, las cuadrillas de trabajadores que siguen en primera persona las etapas de vida por las que pasa este producto desde que reparten los simientes de los que brotarán los naranjas hasta la selección una a una de sus frutos más lustrosos, olorosos y potentes.

Miguel Gallardo es jefe de cuadrilla y trabaja las tierras de Torres desde hace 20 años, tiempo en el que ha ido creciendo como profesional a través de todas las labores que ofrece la tierra (cogedor, capataz, etc.). “Nosotros somos el primer eslabón del producto, tenemos un control de trazabilidad y mantenemos una comunicación directa con la empresa para lograrlo”, asegura Gallardo. Una relación y un trato “cercanos” unidos a una evolución continua en la forma de trabajo (por ejemplo, han pasado de utilizar cajas de madera a otras de plástico y hoy existe mayor mecanización y control en el campo).

Pero lo que prevalece en la mente de cualquier jornalero de Naranjas Torres son los buenos momentos pasados en equipo. El jefe de cuadrilla destaca los almuerzos y comidas en el huerto, siempre en forma de círculo y en armonía con su gente. “Cuando éramos jóvenes íbamos por los colmos de los árboles recolectando, pues la gente mayor ya no podía escalar por su condición física. Es un buen recuerdo”, recupera de su memoria Gallardo.

Sergio Serra, capataz que lleva de forma intermitente también 20 años en Torres, por su parte, aprendió la profesión de su padre, quien le insistía mucho en la importancia del color de la naranja para elegir las adecuadas. Cuenta, además, que las jubilaciones siempre son momentos muy especiales que se celebran con un almuerzo en el campo. Anécdotas que demuestran que el trabajo en la tierra puede ir más allá de calificarse como faena y considerarse un verdadero y emotivo estilo de vida.

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