Niños y fruta, ¿una relación de amor o de odio?

Niños y fruta - Naranjas Torres

Ocurre que la fruta no suele ser uno de los alimentos preferidos durante la infancia, lo cual es motivo de preocupación para los padres, pues su no consumo representa, a su vez, la no ingesta de numerosas vitaminas y de otros tantos nutrientes. Sin embargo, no hay que desesperar: esta serie de sencillas prácticas pueden ayudar a convertir una relación de odio en una de amor (o casi) ;)

Comenzar cuanto antes: Los propios padres son responsables de cultivar el gusto por las frutas desde que sus hijos son bebés. Para ello, pueden incluirlas progresivamente en las papillas, de manera que detectarán aquellas que mejor sientan y que más gustan. Así, éstas servirán de puente durante el paso a la comida sólida, a la vez que se prueba con otras en crudo. Desayunos, postres o meriendas pueden ser los momentos aliados para el caso.

La familia como ejemplo: Sin duda, aquello que los mayores de casa hacen es un referente fundamental para los más pequeños, quienes tienden a copiar lo que ven. Por ello, si una familia come fruta de forma habitual y muestra que disfruta con ello, es muy probable que los niños se animen a probar. En este sentido, también es importante involucrarlos en el acto de compra desde el mismo supermercado, haciéndoles sentir partícipes en las elecciones de consumo.

Disfraces y máscaras: Aunque este apartado pueda invitar a pensar en ello, no se trata de engañar a los niños, sino de presentarles las frutas de una forma atractiva. Así, “enmascararlas” en batidos, tartas, compotas o gelatinas, así como mezclarlas con yogur o añadirlas a comidas que les gusten son recursos “lícitos” que pueden dar buen resultado. Del mismo modo, involucrarles en la preparación de los platos de fruta haciendo uso de su imaginación es una fórmula válida, porque los niños se sentirán protagonistas en la cocina a la par que la relacionarán con diversión. Por ejemplo, una rodaja de manzana o de mandarina se puede convertir en un barco o en la luna, los trozos de fruta pueden formar caras graciosas sobre los platos o, también, se pueden hacer ricos chupa-chup con un palo y una cobertura de chocolate.

Un juego con recompensa: La experiencia prueba que una invitación en clave lúdica es más efectiva que una orden. Por ello, premiar el consumo de fruta con un cuño divertido o con pegatinas en una cartulina a colgar en la nevera se plantea como otra solución: cada cinco, por ejemplo, se puede conceder un regalo simbólico. En definitiva, consiste en emplear incentivos para reforzar hábitos saludables.

¿Qué os han parecido estos trucos? ¿Os ha funcionado alguno? ¿Sabéis de otros? Os invitamos a poner en común vuestras experiencias. Todo sea por promover una alimentación sana entre las generaciones futuras :)

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