Libro de instrucciones para tener un naranjo sano

naranjo sano

Cada árbol requiere unas necesidades diferentes, así como determinados nutrientes. Por eso, cada uno tiene su “libro de instrucciones”. En el caso de los naranjos, para que se mantengan sanos tenemos que tener en cuenta diversos factores como el tipo de regadío, que el agua esté equilibrada o que el suelo no sea excesivamente permeable, pues el exceso de humedad por el agua puede provocar la muerte del mismo.

El riego

Según Miguel Roig, ingeniero agrónomo especializado en cítricos, la mejor opción para el cultivo del naranjo es el riego por goteo, ya que no emplea tanta agua y se focaliza en la zona del árbol y por tanto se evita así en mayor medida la salida de malas hierbas. Además, este sistema de regadío permite una mayor utilización del agua, es más productivo y forma parte de la solución ante la sequía. Para ello se debe tener una instalación de bombeo que permita el riego por goteo.

Clima y suelo

Por su parte, el también ingeniero agrónomo Vicente Carrasco, señala que “el clima al que mejor se adaptan los naranjos es el mediterráneo”, es decir, inviernos templados y lluviosos, veranos secos y calurosos, y otoños y primaveras variables en temperaturas y precipitaciones. El exceso de humedad por el agua en este tipo de árboles, que se reconoce en las hojas amarillentas, puede provocar hasta la muerte del ejemplar. Es por ello que el suelo ideal para los naranjos es el francoarenoso, puesto que no es excesivamente permeable y deja respirar al árbol al drenar mejor. La falta de agua también afecta negativamente a los naranjos, ya que provoca que el calibre del fruto sea menor. Por el contrario es peor una abundancia de agua. Tal y como apunta Miguel Roig, “ante una tormenta fuerte, el naranjo puede sufrir enfermedades fúngicas, asfixia radicular y daños en la cosecha si viene acompañada de granizo”.

Calidad y cantidad del agua

No es un tipo de árbol que necesite demasiada agua. En verano la franja de regadío aumenta por las altas temperaturas, siendo esta cada cinco o seis días. Sin embargo, a lo largo del año se puede regar cada dos o tres semanas. “Se deberá revisar el contenido de nutrientes en el agua para evitar la contaminación de acuíferas y lixiviados. Además, se ha de tener especial cuidado con el contenido de sodio, el cloro y boro, principales elementos fitotóxicos”, concluye Roig.

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