La naranja sanguina, el cítrico más peculiar

la naranja sanguina

La naranja sanguina es uno de los cítricos más apreciados por el consumidor que podemos encontrar en los cultivos de nuestro país. Lo son tanto por su corta estacionalidad, que hace que nos aprovechemos de su disfrute durante el invierno, como por su delicado y excepcional sabor, así como por su curioso color rojizo, que le da un atractivo inusitado.

Este tono que motea su piel lisa y su pulpa se lo proporcionan unos pigmentos llamados antocianinas, que se encuentran, sobre todo, en flores y frutos como los arándanos, pero no tanto en los cítricos. Estos antioxidantes se acumulan principalmente en las vesículas que separan los gajos, donde atrapan radicales libres y favorecen su eliminación.

De esta manera, contribuyen a prevenir enfermedades cardiovasculares y neurológicas y diversos tipos de cáncer, como el de colon y el de estómago, de forma tan eficaz o más que a través del té verde, las bayas o las coles.

Además, al inhibir ciertas enzimas digestivas, las antocianinas disminuyen los niveles de glucosa en sangre y reducen la absorción de las grasas después de las comidas, lo que ayuda a prevenir la obesidad y la diabetes. También destaca su efecto sobre el sistema circulatorio, ya que aumenta la resistencia de las paredes de los vasos sanguíneos y disminuye su permeabilidad.

Por otro lado, la naranja sanguina ayuda a bajar el nivel de colesterol ‘malo’ (LDL) y aporta un alto nivel de vitamina C, que aumenta la absorción del hierro, el calcio y el fósforo y que participa en la síntesis de colágeno, por lo que evita el envejecimiento prematuro de la piel.

La naranja sanguina también proporciona fibra alimentaria y vitamina A o betacaroteno, otro pigmento antioxidante, que aporta ácido fólico y vitamina B1, sustancias relacionadas con el rendimiento intelectual y la prevención de la fatiga.

Pero no debemos olvidarnos tampoco del lado sabroso de esta fruta, con un toque más ácido que el de la naranja común, que la hace ideal para preparar zumos naturales, granizados, sorbetes y, sobre todo, para la elaboración de exquisitos postres por su peculiar belleza. Algunos de los más ricos son el flan de mermelada de naranja sanguina y miel y la tarta fina de naranja sanguina y avellana.

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