El origen rebelde de los dulces argentinos

dulces argentinos

Argentina es reconocida a nivel mundial por su gastronomía, caracterizada por sus asados, sus empanadas y, sobre todo, por sus dulces. Pasteles y tartas que deleitan el paladar y que gustan a grandes y a pequeños por igual, gracias, principalmente, a uno de sus ingredientes más azucarados: el dulce de leche. En España ya existen muchas panaderías y pastelerías que los ofrecen en sus expositores con gran éxito de demanda.

Pero lo más curioso de estos dulces argentinos no es solo su capacidad para hacer babear a generaciones completas, sino también sus particulares nombres. Denominaciones como Sacramentos, Bolas de fraile o Vigilantes, que están impregnadas del anarquismo, la protesta y la rebeldía de los panaderos argentinos de finales del siglo XIX.

Todo comenzó en 1887, en Buenos Aires, cuando el anarquista italiano Ettore Mattei creó la primera institución de la resistencia argentina: la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos.

Un año después, los tahoneros organizados iniciaron una huelga que duró más de 15 días. Durante esta protesta los trabajadores decidieron dejar claras sus demandas y no tuvieron mejor idea que hacerlo a través de los nombres de sus creaciones.

Entre los pasteles más valorados y con nombre más combativo están las facturas, cuya denominación se utilizó para referirse a todas las producciones de los panaderos, de tal forma que los miembros del sindicato ‘llamaran subversivamente la atención sobre el valor de su trabajo’. O las bombas, conocidas en España como profiteroles, rellenas de crema o dulce, son una burla directa contra el Ejército.

Por su parte, los sacramentos, que son como las facturas, pero rellenas de membrillo, critican con su denominación a la Iglesia Católica, mientras que, con las bolas de fraile o suspiros de monja, que van rellenos de dulce de leche o crema pastelera, los panaderos quisieron en 1888 ironizar sobre los curas y las religiosas.

En las panaderías argentinas también se pueden adquirir los cañoncitos, rellenos de crema pastelera o dulce de leche y espolvoreados con azúcar glas, que hacen alusión a los cañones del Ejército. También encontramos vigilantes, que hacen burla directa a las fuerzas policiales; los libritos, galletitas hojaldradas, cuya forma hace referencia a la educación, y las cremonas, que se asemejan a una fila de letras A pegadas, símbolo del anarquismo.

Por no hablar de las medialunas (parecidas a los cruasanes), cuyo origen es más antiguo, fuera de las fronteras argentinas, pero igual de reivindicativo. En 1683 el ejército turco sitió Viena y, tras una larga resistencia, los soldados excavaron túneles bajo las murallas. Pero los panaderos, que trabajaban de noche, oyeron los ruidos y dieron la voz de alarma, salvando así la ciudad. Finalmente, Viena triunfó con la llegada del rey polaco Juan III y para celebrar la salvación de la urbe y la retirada de los turcos, los tahoneros crearon un pastel con la forma de la media luna que llevaban los invasores en sus banderas.

De esta manera, la impronta de los reclamos y de las experiencias de los panaderos ha quedado fijada de la forma más dulce entre la sociedad, no solo argentina, sino de todo el mundo, para la posteridad.

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