Los cogedores y su esencial labor en nuestros campos

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La agricultura citrícola valenciana no representaría lo que en la actualidad supone para el mercado si no fuera por la inconmensurable labor que realizan los cogedores o ‘collidors’, como se denomina en lengua valenciana tradicionalmente. Trabajadores que los más mayores recordarán en tierras castellonenses subidos a una bicicleta, con ropa ligera, sombrero de paja para protegerse del sol y, en muchas ocasiones, acompañados de un ratonero, el perro por excelencia de los jornaleros del campo del Levante.

En Naranjas Torres siempre hemos valorado el trabajo esencial de los cogedores, que siguen en primera persona las etapas de vida por las que pasan nuestras naranjas y mandarinas desde que se reparten las semillas de las que brotarán los árboles que las albergan hasta la recogida y el corte del fruto cuando ya está maduro para el consumidor.

Estos profesionales de la recolección son el primer eslabón del producto y mantienen una comunicación directa con la empresa para conseguirlo. Una relación y un trato cercanos unidos a una evolución continua en la forma de trabajo, tanto en las herramientas que utilizan como en el apoyo que reciben por parte de la tecnología y de la mecanización.

Los propios cogedores de Naranjas Torres nos han contado en alguna ocasión que lo que más destacan de su trabajo es el buen ambiente que se genera día tras día y que se traduce en almuerzos y comidas en el huerto, siempre en forma de círculo y en armonía con el resto.

Una figura, la de los cogedores, que estos días está siendo homenajeada en Almenara (Castellón) a través de una exposición de fotografía en el Molí d’Arròs y la elaboración del libro Collidors. El cultiu de la taronja i els treballs relacionats des del segle XIX fins a hui, que se presenta, con la colaboración de nuestra empresa familiar, este viernes, 21 de septiembre, a las 19 horas, en el mismo recinto, de la mano de sus autores, el fotógrafo local José Carlos Muñoz Sánchez y la historiadora y escritora Lara Cardona.

En esta obra se recoge una gran serie de imágenes tomadas a lo largo de varios años a un grupo de estos cogedores, así como un ensayo sobre la situación de la producción citrícola en la localidad y su repercusión en el entorno social.

Porque esta profesión, con gran tradición en nuestra tierra, se merece un reconocimiento que ellos, con su trabajo, nos hacen cada día en nuestros campos de naranjas.

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