Amor por las fruterías de siempre

fruterías

Vivimos rodeados de establecimientos tan variopintos como normales. Locales con una historia detrás, con un proyecto y unas aspiraciones. Con unas personas que los impulsan y ponen en él todos sus esfuerzos para lograr que nosotros, los clientes, tengamos un trato excepcional y salgamos de allí con una sonrisa. Sin duda, las fruterías son un claro ejemplo de estos espacios de cercanía y buenos olores.

En los barrios siempre hay muchísimas fruterías. Ir caminando por la ciudad y encontrarse con ellas dota de un poco más de alegría el día a día, los colores, las risas de cliente y de vendedor, los aromas. Son pequeños detalles que pasan desapercibidos, pero que están ahí presentes cuando uno levanta la vista y desconecta, durante cinco minutos, de su ajetreada vida.

Por ello, ir a la compra es para muchos un momento de relax en el que caminas hasta la panadería donde te recibe ese olor tan tentador del pan recién hecho. Luego a la pescadería y a la carnicería con sus largas colas, sí, pero también con sus divertidas charlas y confesiones. Y, finalmente, a la frutería, donde te espera un producto de la mejor calidad y la confianza absoluta de que aquello que estás comprando merece lo que vale, sabiendo que ese vendedor no solo busca ganar dinero, sino que tiene una meta mucho mayor: ofrecer el mejor producto y un trato amable a sus clientes.

Pero no solo el trato con los consumidores es lo que hace únicas estas superficies. Desde Naranjas Torres, como empresa familiar, que busca la cercanía y producir los cítricos de la mejor calidad, también queremos sincerarnos y reconocer que el trato que ofrecen las fruterías es acogedor, además de leal.

Los fruteros y las fruteras miman con tanto cariño nuestro producto, que no solo transmiten lo mejor de ellos a los compradores, sino también a sus proveedores. Estas relaciones nos han hecho valorar más nuestros cítricos y no olvidar que nuestra prioridad es el cliente. Sin duda, la relación con estos pequeños establecimientos ha sido una de las más ricas que hemos vivido a lo largo de  nuestro crecimiento.

El trato, la cercanía e, incluso, las relaciones de amistad que se han ido forjando han hecho que poco a poco nos hayamos inclinado por comprar en los pequeños negocios, aquellos donde al entrar no te recibe solo un abanico de olores maravillosos, sino también una sonrisa sincera y la confianza absoluta de que la calidad está presente en cada producto.

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