Afortunados por el Mediterráneo

La suerte de nacer cerca del Mar Mediterráneo por Naranjas Torres

Sucede que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde. En Naranjas Torres no queremos llegar a ese extremo para ser conscientes del valor de aquello que nos rodea, como es el mar que inspira uno de los estilos de vida más venerados en todo el mundo. Quizá, el estrecho vínculo que guardamos con la tierra por nuestro trabajo nos invita a reflexionar más de lo habitual acerca de nuestro entorno. O, también, puede ser que la relación directa que mantenemos con el ámbito de la alimentación nos obligue a reparar en las bondades de nuestra dieta. En cualquier caso, siempre llegamos a una única conclusión: somos unos afortunados.

Porque nuestra cultura, gastronomía y carácter no serían los mismos sin ese agua que baña las próximas costas del este peninsular, haciendo confluir en un fondo compartido por países tan dispares como Turquía, Egipto, Grecia, Italia, España, Túnez o Francia, entre otros. Todo ello ha configurado una riqueza contagiosa que no solo se transmite indiferente al paso del tiempo, sino que se engrandece generación tras generación. Somos, por tanto, el resultado de un legado líquido con nombre propio del cual se nos ha confiado la responsabilidad de atesorar. Es un pacto tácito que se adquiere al nacer en un punto geográfico agraciado por el roce de su sal.

Los árboles que cultivamos y que crecen aferrados al suelo que se nutre desde hace siglos con esta maravilla nos recuerdan la lección que se condensa en estas líneas: seguramente, no estaríamos aquí sin él. Por todo ello, compartimos el deseo que Joan Manuel Serrat confesó al final de su famosa canción:

Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo.
En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte,
quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.
Cerca del mar, porque yo
nací en el Mediterráneo

:)

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